Consumo igual amor

 

Nos quejamos de la crisis que hay en España pero cuando paseamos por un pueblo de playa en verano nos preguntamos donde está esa crisis: bares llenos, heladerías llenas, tienda llenas, tiovivos llenos … Porque por cuanto no haya dinero gastar en las vacaciones es sagrado.

¿Y gastar en qué, la mayoría de las veces?

Gastar en los niños.

Niños que quieren helado, niños que quieren subir en el tiovivo y después en el otro de al lado y después en las colchonetas y después de paso comprar algún juguetes en el paseo … que mañana ya estará roto.

 

Niños que quieren consumir …

 

Y antes de quejarnos de que el niño quiere muchas cosas, que el niño quiere comprar otra cosa cuando ya tiene 2 en las manos, que el niño quiere gastar dinero y de “que le vas a hacer, las vacaciones son así…” parémonos un momento a pensar COMO estos niños viven la totalidad del día a día y COMO los padres se relacionan con ellos.

 

Porque caminar por el paseo marítimo de noche en la playa se convierte en un gasto de dinero cuando debería ser un placer solo estar caminando juntos, relajados después del calor del día.

 

Porque ese paseo se convierte en una corsa de un tiovivo a otro, de un puesto de juguetes a otro, de la heladería a la churrería a la pastelería …. cuando debería ser un momento de tranquilidad compartido en familia.

 

Muchos padres me dicen que los niños QUIEREN ir en el tiovivo, quieren comprar el juguete de turno, quieren el helado …. pues no lo dudo, claro que quieren y quieren cosas … porque para ellos el consumo es un sinónimo de amor, porque aprenden que sus padres les quieren en la medida en que gastan dinero para ellos, en que le compran todo lo que ven y quieren.

 

Sin embargo los niños no están felices, no se llenan, salen de un tiovivo con las ganas de subir a otro, comen un helado pensando en el gusto del siguiente helado que sus padres le comprarán … esos niños no se satisfacen, y cuanto menos se satisfacen, cuanto más consumen.

 

Mi propuesta es que cambiemos las costumbres hechas para enseñar a nuestros hijos que el consumo no es igual que el amor.

 

Que en lugar que pasarnos el día en la playa charlando con los adultos que están con nosotros y echando una ojeada a los niños que juegan, nos sentemos nosotros también a su lado y le ayudemos a construir un castillo.

 

Que en lugar que comprar y comprar helados y comidas dulces nos llevemos de casa unas frutas frescas o una macedonia que podemos compartir con nuestros hijos.

 

Que en lugar que arrastrar a los niños, o venir arrastrado de ellos, ya no se sabe, de un tiovivo a otro, nos paremos en un banco en el frescor de la noche simplemente a preguntar a los niños como han vivido ese día de playa, si le ha gustado, cual ha sido la actividad que más le ha llenado, cuando se han realmente divertido…

 

Descubriremos así que los niños NO QUIEREN consumir, sino que quieren que nosotros estemos CON ELLOS, que los niños no quieren comprar más y más cosas si tienen alguien al lado que le da amor y comprensión.

 

 

 

 

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