Curar el miedo con el miedo

 

El otro día en la playa me topé con una escena que me llamó la atención: una falta de respeto hacia un niño, “legal y justa” porque quien lo hacía era la mamá y además lo hacía por el bien del niño.

 

El pequeño tenía 3-4 años y jugaba a la orilla mojándose los pies pero su mamá se empeñó en que debía meterse entero en el agua y cuando vio que el niño no quería, lo cogió en brazo y se lo llevó en el agua más honda … no hace falta decir, porque todas ya habéis entendido, que el niño se puso a gritar y llorar de miedo.

 

Pero claro, esa madre quería quitarle el miedo al agua …

 

Chocandole, llevándole donde no tocaba con los pies, quería que el niño entendiera que el agua no da miedo, quería curar el miedo con más miedo … pero, con su actitud, realmente le trasmitió todo lo contrario, lo que le enseñó obligandole a entrar en el agua es que que el mar es un elemento peligroso, el agua no es segura porque después de pocos pasos es demasiado honda y impracticable para él solo.

 

El niño no paró de llorar hasta un buen rato después de que la madre lo hubiera sacado del agua, seco y debajo de la sombrilla miraba ahora el mar con ojos llenos de miedo … cuando pocos minutos antes, cuando él solo se acercó a la orilla, se le veía con ganas de ver y explorar ese nuevo elemento.

 

Pero de explorarlo a su manera …

 

Es que antes no tenía miedo, antes esperaba que las olas le mojaran los piecitos, miraba como esa mole de agua iba y venía y se le veía feliz.

 

Sin embargo la madre opinó que era hora de meterle en el agua, hora de que su hijo aprendiera a estar en el agua honda … sin tener en cuenta la reacción ni la voluntad del niño.

 

Y el niño se quedó con miedo, no se curó de su miedo al agua sino todo lo contrario … pero escuché la madre decir que con unos cuantos días de este “tratamiento” seguramente le perdería el miedo…

 

No nos equivoquemos.

 

Sí, puede que con unos cuantos días más de lloros de miedo al meterle en el agua a fuerza pare de llorar, pare de tener esa reacción … pero no será porque haya perdido el miedo al agua, sino simplemente porque acabará resignándose a la voluntad de la madre que lo quiere en el agua, acabará por entender que por cuanto llore y llore va a ser del todo inútil, siempre un adulto lo volverá a meter en el agua, sin tener en cuenta lo que él quiere.

 

¿Si le dije algo a esa madre? … No … porque sabía que habría reaccionado mal a mis consejos, porque al final no se trata de una simple actitud, no se trata “sólo” de acostumbrar el niño al agua, sino que la cuestión es mucho más grande y compleja : en esa escena convivían 2 deseos diferentes, el de la mamá y el del niño y estuvo claro quién “ganó”, quien eligió lo que debía hacer el niño … porque el adulto siempre gana, ya que es más grande, tiene más capacidades y además sabe hablar, es decir, sabe explicar porque su deseo es más importante del deseo del niño, es más, piensa, está convencido, que su deseo es “por el bien del niño”.

 

Y así como esta escena, deben haber miles de escenas parecidas cada día en esa familia, miles de escenas donde el deseo del niño es prevaricado con la fuerza, puesto a un lado, ignorado, para que “gane” el deseo de la madre que, claramente, hace todo por el bien de su pequeño.

 

¿Hubiera sido tan difícil esperar a ver que hacía el niño?

¿Tan descabellado dejarlo en la orilla a jugar y dejar que con el tiempo él mismo se diera cuenta y se metiera, cada día un poquito más, en ese elemento que acababa de descubrir?

 

Sí si tenemos en cuenta que los mayores tenemos prisa de que lo niños aprendan YA lo que nosotros queremos, sin darle la posibilidad de experimentar y de cumplir con sus deseos proprios.

 

Invito entonces a reflexionar, no sólo en esta situación, sino en todas las situaciones de cada día, en todas las situaciones en que intentamos curar el miedo de nuestros hijos con más miedo simplemente porque ese es nuestro deseo, porque queremos que el niño haga lo que nosotros vemos justo.

 

Descubriremos que en nuestro día a día estamos en guerra constante con los deseos de los niños, que cada día estamos dando pasos atrás, alejando nuestros hijos de la confianza en nosotras.

 

 

 

 

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