Mi casa: una fuente de ingresos

 

 

Susana Pena es fundadora de familiamono ¡el espacio de las fabulosas madres solas! Counselor especializada para mujeres, madres y madres solas: ofrece ayuda psicológica, emocional y mejora personal y familiar desde el acompañamiento respetuoso, ofrece formación y recursos en comunicación para momentos críticos, en procesos de pérdida o en crecimiento y mejora.

Conoce más sobre Susana Pena en http://www.familiamono.org/quien-soy-que-hago/

 

 

Mi casa: una fuente de ingresos

 

Dice el refrán que la casada casa quiere.

Algo así debe de ser, cuando en general, por estos lares, todas salimos de casa de nuestros mayores cuando podemos. Algunas en la adultez, con o sin pareja. Otras, cuando llega la convivencia con la pareja. Otras, sencillamente, cuando les da la pasta…

Sea como fuere, nos encontramos con esta foto por todo nuestro territorio: familias colapsadas por hipotecas muy altas u otras situaciones con común denominador: familias con poco dinero y metros cuadrados a su disposición.

 

Está claro que impera el deseo de habitar en exclusiva nuestra vivienda. Hemos hecho de ello un valor.

Hoy vengo a cuestionaros esto. Respeto absolutamente, por supuesto, la opción de cada mamá, si es una opción responsable.

 

Me refiero a que no es sensato mantener estilos de vida y opciones que no podemos sufragar.

Creo que actuamos de forma irresponsable cuando, sin contar con los euros suficientes, nos machacamos y quebramos nuestra libertad y alegría por mantener a cualquier precio nuestra casa.

 

A tiempos diferentes, soluciones diferentes.

A tiempos extremos, soluciones en extremo creativas.

 

Mamás, si podéis llegar a estar en apuros económicos (o ya lo estáis) os ruego que observéis vuestra casa como un bien disponible.

Confundir nuestro hogar (eso que llevamos pegado a la piel y que tiene que ver con lo querido y con lo que nos envuelve en seguridad) con nuestra casa no nos beneficia cuando las cuentas nos apuran.

Si ya has dado mil vueltas a las cuentas y no te salen, mamá, te invito a mirar sin prejuicio la opción de compartir casa con otras personas.

 

Estos son algunos parámetros que pueden ayudarte:

 

1. Es una solución temporal. Compartir nuestra casa repone euros en nuestro bolsillo con rapidez. Si destinas ese nuevo ingreso a sanear la economía, pronto podrás vivir de nuevo a solas con tu familia (si lo sigues deseando 🙂

 

2. ¿Y si tu familia se beneficia, además, de una cangura, una profa de idiomas, una mano más en casa? ¿Y si descubres que es una ayuda que multiplica la ayuda?

 

3. Pon un anuncio. Recibe tú a tus posibles inquilinos, inquilina, au pair, etc. Escucha atentamente qué busca, qué ofrece, cómo se mueve en la vida.

 

Te recomiendo que dediques tiempo para esta actividad, y que te muestres respetuosa para con quien llega. Informa con claridad de qué esperas. Acepta solo los tratos que de veras deseas cumplir. A mí me funciona: llevo alquilando inmuebles más de 10 años, y solo he tenido un ligero problema con un inquilino una vez. ¡Pero he sumado muchísima gente maja a mi libreta de direcciones, y me han ayudado mucho en este tiempo!

 

4. Como experiencia familiar, no tiene paragón. Toda la familia entraréis en un nuevo tiempo donde las reglas cambian. Esto, de por sí, es excitante y enriquecedor, pero puede dar miedo y producirnos inseguridad.

 

Mamá, sé trasmisora de confianza para tus hijos, y promueve el intercambio entre los nuevos habitantes y los antiguos. La confianza se genera en el trato, y al comprobar un día tras otro que las cosas marchan y que, si no marchan, tenemos recursos para afrontarlas (y una sólida familia en quienes apoyarnos!)

Podemos poner la habitación o el espacio en cuestión agradable, pero sin gastos: esperaremos a que realmente esté alquilada (o compartida, u ocupada) para comprar una cama mayor u otros enseres. Basta con decirlo: “aquí va una cama de….”

 

Te invito a que mires con nuevos ojos estas opciones.

 

Me gustaría que este artículo inspire otras maneras de sacar dinero con tu casa, sin meter más horas de trabajo, y sin morir aplastadas por la escasez.

 

Susana Pena http://www.familiamono.org/

 

 

 

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